Jubileo de la Misericordia

SÁBADO 23 DE ABRIL

PEREGRINACIÓN DEL ARCIPRESTAZGO VIRGEN DEL MAR

A las 16:30

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Desde la Iglesia de San Juan comenzará la peregrinación del Arcriprestazgo -al que pertenece nuestra Parroquia de San Miguel- hacia la S.I.B.Catedral, para lucrar la Indulgencia Plenaria del Año Jubilar de la Misericordia, siguiendo el ritual previsto al efecto.

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Pascua del Enfermo 2016

María, icono de la confianza y del acompañamiento
Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5)

2016_campaña_enfermo recLa resurrección del Señor nos llena de alegría y esperanza. Su luz y su fuerza se hacen presentes también en la celebración de la Pascua del Enfermo en este día. Asumiendo la propuesta del Papa Francisco en su Mensaje para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016, dirigimos nuestra mirada compasiva a Jesucristo, a María y a los sirvientes que, en las Bodas de Caná, colaboraron para que Cristo realizara el milagro de convertir el agua en vino. Su contemplación iluminará, impulsará y mejorará nuestra atención a los enfermos y al mundo de la salud.

Con este motivo, el domingo 24 de abril, como de costumbre, en el marco de la Eucaristía de las 12:00  se administrará el sacramento de la Unción de Enfermos a las personas que lo soliciten con las debidas disposiciones. Sigue leyendo

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“ESCRITORES VIVOS DEL EVANGELIO…”

El Evangelio es el libro de la misericordia de Dios

escribir«Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos» (Jn 20,30).

Tomando este pasaje final del Evangelio de este II Domingo de Pascua, Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Francisco en su homilía (03/04/2016) nos anima a ser “escritores vivos del Evangelio, …escribir aquellas páginas del Evangelio que el Apóstol Juan no ha escrito”: Sigue leyendo

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II DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA

señor mio y Dios mioSiempre se ha llamado a este segundo domingo de Pascua el de Tomás (también Domingo de Quasimodo). La incredulidad primera del apóstol y su conversión posterior es, sin duda, uno de los más bellos relatos de los Evangelios. Además, él expresó ese grito teológicamente tan importante: “¡Señor Mío y Dios Mío”!, preciosa jaculatoria que han expresando millones y millones de cristianos a lo largo de los últimos 20 siglos. Además este II Domingo de Pascua es un eco claro del Día de la Resurrección del Señor. La Iglesia, asimismo, celebra –y por disposición del siempre recordado San Juan Pablo II, de feliz memoria —el Domingo de la Misericordia, devoción especialmente querida por el Papa Wojtyla y que en esta ocasión, plenamente inmersos en el año jubiliar, reviste un significado especial.

Precisamente acaban de cumplirse 11 años del fallecimiento del papa Wojtyla (2 de abril de 2005), en vísperas -como este año- del domingo de la Divina Misericordia. El próximo 27 de abril se cumplirán dos años desde su canonización, también en el domingo en que se celebraba la misma fiesta. Por tanto ya para siempre irán inseparablemente unidos esta fiesta y  el santo Papa polaco.

El día 30 de abril del año 2000, el Papa S. Juan-Pablo II canonizaba a la religiosa polaca María Faustina (Elena) Kowalska, fallecida el 5 de octubre de 1938 -que él mismo había beatificado siete años antes, el 18 de abril de 1993, y hacía público que, a partir de aquella fecha, en el II Domingo de Pascua se celebraría la fiesta de la “Divina Misericordia”. ¿A qué se debe este centrarse en la misericordia de Dios? ¿Por qué se vincula la misericordia divina a la Pascua de Cristo? Y, por último, ¿qué relación guarda la fiesta de la misericordia divina con la nueva santa María Faustina (Elena) Kowalska? Sigue leyendo

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VOLVER A GALILEA : “¡Pongámonos en camino!”

«No temáis…Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que vosotros a Galilea» (Mt 28,5-7),

no esta aquíLa noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22).

Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor. Sigue leyendo

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VIO Y CREYÓ (Jn 20,1-9).

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“Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos” (Jn 20, 1-9). Sigue leyendo

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«Pedro fue corriendo al sepulcro» (Lc 24,12).

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«Pedro fue corriendo al sepulcro» (Lc 24,12). ¿Qué pensamientos bullían en la mente y en el corazón de Pedro mientras corría? El Evangelio nos dice que los Once, y Pedro entre ellos, no creyeron el testimonio de las mujeres, su anuncio pascual. Es más, «lo tomaron por un delirio» (v.11). En el corazón de Pedro había por tanto duda, junto a muchos sentimientos negativos: la tristeza por la muerte del Maestro amado y la desilusión por haberlo negado tres veces durante la Pasión.

Hay en cambio un detalle que marca un cambio: Pedro, después de haber escuchado a las mujeres y de no haberlas creído, «sin embargo, se levantó» (v.12). No se quedó sentado a pensar, no se encerró en casa como los demás. No se dejó atrapar por la densa atmósfera de aquellos días, ni dominar por sus dudas; no se dejó hundir por los remordimientos, el miedo y las continuas habladurías que no llevan a nada. Buscó a Jesús, no a sí mismo. Prefirió la vía del encuentro y de la confianza y, tal como estaba, se levantó y corrió hacia el sepulcro, de dónde regresó «admirándose de lo sucedido» (v.12). Este fue el comienzo de la «resurrección» de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla.

También las mujeres, que habían salido muy temprano por la mañana para realizar una obra de misericordia, para llevar los aromas a la tumba, tuvieron la misma experiencia. Estaban «despavoridas y mirando al suelo», pero se impresionaron cuando oyeron las palabras del ángel: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (v.5). Sigue leyendo

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PREGÓN PASCUAL

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El Pregón Pascual es uno de los más antiguos himnos de la tradición litúrgica romana. Invita a la Iglesia entera a exaltar y a alegrarse por el cumplimiento de las profecías, recorriendo con su canto los prodigios cumplidos en la historia de la salvación:

Alégrense por fin los coros de los ángeles, Alégrense las jerarquías del cielo, y por la victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla, que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, ha borrado con su sangre inmaculada, la condena del antiguo pecado. Porque éstas son las fiestas de Pascua en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto, a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Esta es la noche que a todos los que creen en Cristo, por toda la tierra los arranca de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, los restituye a la gracia y los agrega a los santos. Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!¡Qué incomparable ternura y caridad! Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! ¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo. Esta es la noche de que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo».

Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los potentes. En esta noche de gracia, acepta, Padre Santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche, arda sin apagarse y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso Jesucristo, tu Hijo, que, volviendo del abismo, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina por los siglos de los siglos.

Amen.

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SABADO SANTO

Durante el  Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección. Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Esto nos enseña el catecismo de la Iglesia Católica (CIC 624,625,628), al tratar este artículo de nuestra fe:

“Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos” (Hb 2, 9). En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente “muriese por nuestros pecados” (1 Co 15, 3) sino también que “gustase la muerte”, es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba (cf. Jn 19, 42) manifiesta el gran reposo sabático de Dios (cf. Hb 4, 4-9) después de realizar (cf. Jn 19, 30) la salvación de los hombres, que establece en la paz el universo entero (cf. Col 1, 18-20). Sigue leyendo

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VIERNES SANTO: Celebración de la Pasión del Señor

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Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: ¡¡Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?  (Mt 27,46).

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:  «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Sigue leyendo

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