14 de septiembre: EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz -que se celebra el 14 de septiembre- tiene su origen en Jerusalén. Es el aniversario de la dedicación de los edificios construidos por el Emperador Constantino (a.335) para proteger y magnificar los lugares donde Jesucristo Nuestro Señor llevó a cumplimiento su Misterio Pascual de Muerte y Resurrección.

In hoc signo vinces

Constantino-Vision_de_la_Cruz_detalleEsta frase  es una traducción en latín de la frase griega “ἐν τούτῳ νίκα”, que significa “con este signo vencerás”. Según la narración de los principales historiadores cristianos de la Antigüedad, Constantino adoptó esta frase griega como lema después de su visión de un  Crismón en el cielo, justo antes de la  batalla del puente Milvio contra Majencio, el 12 de octubre del año 312. La promulgación del Edicto de Milán al año siguiente (313) y la institución de esta fiesta, traen de aquí su causa.

El Gólgota – Martyrium- ligados a la muerte y la Anástasis (Sepulcro) a la Resurrección. El día de la inauguración se vincula al día del hallazgo de la Santa Cruz del Señor y a al aniversario de la dedicación del tempo de Salomón. Con la inauguración de estos edificios nace un nuevo tipo de liturgia.

La acción litúrgica de Jerusalén se adapta a ellos y se inspira en el misterio que contienen y se renueva en las celebraciones. De ahí, entre otras razones, de la importancia de esta fiesta de su Dedicación comparable a Pascua y a Epifanía. También se dice que ese día se conmemora la recuperación de la Cruz por Heraclio en el 628 de manos delos persas, que la tenían en su poder desde un tiempo después de su muerte.

Hacia el año 326 la emperatriz Helena de Constantinopla (madre del emperador Constantino I  el Grande) hizo demoler el templo de Venus que se encontraba en el monte Calvario, en Jerusalén, y excavar allí hasta que le llegaron noticias de que se había hallado la Vera Cruz. El viaje se había realizado con objeto de encontrar el Santo Sepulcro que se hallaba perdido. Se inició la búsqueda debido al culto de la cruz, desde la muerte de Jesucristo.

HISTORIA DE LA FIESTA

Según la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, cuando la emperatriz (que entonces tenía ochenta años) llegó a Jerusalén, hizo someter a interrogatorio a los judíos más sabios del país para que confesaran cuanto supieran del lugar en el que Cristo había sido crucificado. Después de conseguir esta información, la llevaron hasta el Monte de la calavera (el Gólgota), donde el emperador Adriano, 200 años antes, había mandado erigir un templo dedicado a la diosa Venus. Se cree que en realidad el Gólgota era una antigua cantera abandonada con un macizo rocoso, poco útil para la construcción, que quedó sin utilizar y constituyó posteriormente el patíbulo donde colocaban las cruces los romanos. Esta cantera estaba fuera de la muralla, pero cercana a ella.

200px-Agnolo_Gaddi_True_Cross_Detail_1380Santa Helena ordenó derribar el templo y excavar en aquel lugar, en donde según la leyenda encontró tres cruces: la de Jesús y la de los dos ladrones. Como era imposible saber cuál de las tres cruces era la de Jesús, la leyenda cuenta que Helena hizo traer un hombre enfermo, el cual al entrar en contacto con la cruz de Gestas empeoró en su salud, y al ser tocado con la cruz de Dimas quedó como había estado al principio, pero cuando fue tocado por la de Jesús, la Verdadera Cruz, se restableció por completo. El hallazgo de la reliquia se conmemoraba antiguamente en el mes de mayo con el nombre de fiesta de la Invención (invenire= encontrar) de la Santa Cruz (fiesta el 3 de mayo).

La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un fastuoso templo, la llamada Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardaron la reliquia. Mucho después, en el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y, tras la victoria, se llevó la Vera Cruz y la puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión de los cristianos.

Tras quince años de luchas, el emperador bizantino Heraclio lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el  14 de septiembre de ese año, la Vera Cruz regresó a Jerusalén. Fue llevada personalmente por el emperador, en una procesión conducida a través de la ciudad. Dice la leyenda que cuando el emperador, vestido con gran magnificencia y pompa, quiso cargar con la reliquia, fue incapaz de hacerlo, no siéndole posible hasta que no se despojara de todas las galas como muestra de la pobreza y la humildad de Cristo.​ Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz.

En Europa desde la Edad Media, hubo muchas reliquias de la Vera Cruz al punto que Calvino llegó a decir (en su ‘Traité des Reliques’, una obra de polémica) que con toda esa madera podría construirse un barco de gran tamaño. ​ No obstante, en 1870 Charles Rohault de Fleury estudió el tema en su “Mémoire sur les instruments de la Passion” y llegó a la conclusión de que la suma de todas las reliquias de la Cruz existentes alcanzan a un tercio de una cruz de tres metros de altura. Una de las reliquias (considerada auténtica) se encuentra en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma, a pocos metros de la Basílica de San Juan de Letrán. Otros fragmentos también se encuentran en el monasterio de Santo Toribio de Liébana en Cantabria (precisamente 2017 es Año Santo Jubilar lebaniego) y en Caravaca de la Cruz, España. Según un análisis realizado en 1958, el trozo de leño conservado en el monasterio de Santo Toribio de Liébana corresponde a la especie ‘Cupressus sempervirens’, y no se excluyó la posibilidad de que dicha madera pueda alcanzar una edad superior al periodo de tiempo correspondiente a la era común. El mismo estudio especificó que Palestina se sitúa dentro del área geográfica de esa especie botánica.

Tras la finalización de las obras de acondicionamiento de la capilla de la Vera Cruz (2011) en la Colegiata de Santa María la Mayor de Caspe (Zaragoza), vuelve a ser expuesta al público la Vera Cruz de Caspe. Esta reliquia es uno de los fragmentos de mayor tamaño en el mundo, sólo por detrás de los de París y Santo Toribio de Liébana.

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