MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

Este año, por primera vez, el 21 de mayo, lunes después de Pentecostés, se celebrará la fiesta de “María, Madre de la Iglesia” que Francisco ha introducido en el calendario litúrgico. Se trata de un título de la Virgen que se remonta a los últimos días del Concilio Vaticano II.

A través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino, el Vaticano ha establecido que la memoria de la “Virgen María, Madre de la Iglesia” se celebre cada año el lunes siguiente a Pentecostés.

Mater EcclesiaeFrancisco estableció esta Memoria con un decreto del 11 de febrero de 2018, 160 aniversario de la aparición de la Virgen en Lourdes. Si el lunes después de Pentecostés coincide con otra fiesta, la de la Virgen tendrá prioridad sobre ella. La fiesta ya estaba en el Calendario Litúrgico desde hacía años, pero ahora es obligatoria y contará con sus propias oraciones para la Misa. A pesar que desde hace mucho tiempo la Iglesia reconoce a María como Madre de la Iglesia, ahora contará con una fiesta propia.

El 21 de noviembre de 1964, al terminar la tercera sesión del Concilio Vaticano Segundo, el Beato Papa Pablo VI proclamó solemnemente a la Virgen María “Madre de la Iglesia” ante el aplauso de los padres conciliares. Precisamente en el Consistorio del 19 de mayo –víspera de Pentecostés- se anunciará la fecha de Canonización del Papa Montini (Pablo VI)

En el interior de la Basílica Vaticana se venera a la Santísima Virgen bajo esta advocación: may13_madonna2Fue pintada originalmente a principios del siglo XV por un talentoso artista anónimo, posiblemente de la escuela de Toscana. Fue situada en una columna del lado izquierdo del pasillo central de la Antigua Basílica de San Pedro, construida en el siglo IV. No parece casual que la imagen que da nombre a esta advocación este precisamente pintada en uno de los pilares de la antigua basílica de la época constantiniana, evocando a María como pilar de la Iglesia, desde sus inicios.

Más tarde, en 1970, se añadió la inscripción “Mater Ecclesiae” encima de la Virgen de la Columna. La Sede Apostólica concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980).

En 2013 se procedió a la restauración de esta pintura, descubriéndose detalles hasta entonces ocultos y aproximándose a su esplendor original.

Piazza San Pietro

Piazza San Pietro

Finalmente, después del atentado en contra de su vida el 13 de mayo de 1981, S.Juan Pablo II quiso colocar un mosaico de la Virgen María por fuera de la Basílica en el lugar de una de las ventanas del Palacio Apostólico. Este mosaico se inspiró en la venerada pintura antigua de la Virgen de la Columna, como testimonio y promesa de la protección maternal de Nuestra Señora al Papa y a la Iglesia entera. Los talentosos artesanos de la Fabbrica di San Pietro crearon el mosaico, que mide más de ocho pies de altura y muestra el blasón del desaparecido Papa así como su lema “Totus Tuus”.

Este el contenido del DECRETO (11/02/2018):

“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar a la bienaventurada Virgen María «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título».

Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El Sumo Pontífice Francisco, considerando atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año.

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.

Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose en el futuro del mismo modo.

Sin que obste nada en contrario.

IMG-20180513-WA0023En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada Virgen María de Lourdes.

Robert Card. Sarah Prefecto”.

Como anticipo a esta gran fiesta, el domingo 13 de mayo -conmemoración de la Virgen de Fátima y CI aniversario de las apariciones- después de las misas de 11:00 y 12:30 se llevaron a cabo sendas ofredas florales ante la imagen de la Virgen de Lourdes que preside la entrada a los salones parroquiales.

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