Carta Apostólica “MISERICORDIA ET MISERA” (20/11/2016)

“La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio”.

Al finalizar el Ángelus del domingo 20 de noviembre, el Papa Francisco firmó su carta apostólica «Misericordia et misera» dirigida a toda la Iglesia para continuar viviendo la misericordia experimentada durante todo el Jubileo Extraordinario. Francisco toma la imagen del encuentro entre Jesús y la adúltera para delinear el recorrido de una Iglesia que quiere ser siempre instrumento de misericordia: TEXTO COMPLETO.

clausuraEn el cierre de la Puerta santa y clausura del Año de la Misericordia, Francisco expresó: “Dios, apenas le damos la oportunidad, se acuerda de nosotros. Él está dispuesto a borrar por completo y para siempre el pecado, porque su memoria, no es como la nuestra, Dios olvida el mal realizado y no lleva cuenta de las ofensas sufridas. Dios no tiene memoria del pecado, sino de nosotros, de cada uno de nosotros, sus hijos amados. Y cree que es siempre posible volver a empezar, levantarse de nuevo.”

El Obispo de Roma pidió para todos “el don de esta memoria… la gracia de no cerrar nunca la puerta de la reconciliación y del perdón, sino de saber ir más allá del mal y de las divergencias, abriendo cualquier posible vía de esperanza. Como Dios cree en nosotros, infinitamente más allá de nuestros méritos, también nosotros estamos llamados a infundir esperanza y a dar oportunidad a los demás. Porque, aunque se cierra la Puerta santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Corazón de Cristo. Del costado traspasado del Resucitado brota hasta el fin de los tiempos la misericordia, la consolación y la esperanza.

Pero para entender si este Jubileo tendrá la eficacia esperada hay que leer la Carta apostólica “Misericordia et misera” en la que el Papa escribe:La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre. Los dos pilares sobre los que se asienta la Carta son el hecho de que la misericordia debe ser celebrada y vivida. Partiendo de aquí se dan líneas pastorales que serán muy útiles para el proyecto vital de las comunidades cristianas de todo el mundo”.

La provocación de releer las obras espirituales y corporales de misericordia tradicionales a la luz de las nuevas formas de pobreza en el mundo de hoy, son una invitación concreta, para que las comunidades cristianas y cada creyente dé espacio a la imaginación de la misericordia, que produzca una “una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos”.