EPIFANÍA: MANIFESTACIÓN DE DIOS, MANIFESTACIÓN DE AMOR

6 de Enero (Sábado) Solemnidad de la EPIFANÍA DEL SEÑOR
Misas 11:00 – 12:30 y 19:00 (se suprime 10:00)
(Víspera -Viernes 5 de enero: 19:00)

Seguir la “Estrella”. Seguir la luzFiarse de la Revelación. Contemplar al Salvador. Y como los Magos, llenos de alegría, volvernos por otro camino. No el que conduce a Herodes. Volvernos por el camino que Jesús nos ha señalado.

En el capítulo IV (págs. 95 a 113) de “La Infancia de Jesús”, la adoración de los magos, la estrella y el simbolismo de los regalos (oro, incienso y mirra) ofrecidos al rey de reyes son abordados por Benedicto XVI, con la sencillez y a la vez erudición que le caracterizan. Quién mejor que él para introducirnos en el hecho histórico y a la vez teológico de la Epifanía:

“Los Magos han llegado al presunto lugar del vaticinio, al palacio real de Jerusalén. Preguntan por el recién nacido «rey de los judíos». Ésta es una expresión típicamente no judía. En el ambiente hebreo se hubiera hablado del rey de Israel. En efecto, el término «pagano», «rey de los judíos», vuelve a aparecer únicamente en el proceso a Jesús y en la inscripción en la cruz, utilizado en ambos casos por el pagano Pilato (cf. Mc 15,9; Jn 19,1922).  Por tanto, se puede decir que aquí -cuando los primeros paganos preguntan por Jesús- se transparenta de algún modo el misterio de la cruz, que está indisolublemente unido con la realeza de Jesús. Esto se anuncia con bastante claridad en la respuesta a la pregunta de los Magos por el rey recién nacido:

«El rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él»  (Mt 2,3).

Que los Magos fueran en busca del rey de los judíos guiados por la estrella y representen el movimiento de los pueblos hacia Cristo significa implícitamente que el cosmos habla de Cristo, aunque su lenguaje no sea totalmente descifrable para el hombre en sus condiciones reales. El lenguaje de la creación ofrece múltiples indicaciones. Suscita en el hombre la intuición del Creador. Suscita también la expectativa, más aún, la esperanza de que un día este Dios se manifestará. Y hace tomar conciencia al mismo tiempo de que el hombre puede y debe salir a su encuentro

Pero el conocimiento que brota de la creación y se concretiza en las religiones también puede perder la orientación correcta, de modo que ya no impulsa al hombre a moverse para ir más allá de sí mismo, sino que lo induce a instalarse en sistemas con los que piensa poder afrontar las fuerzas ocultas del mundo…Gregorio Nacianceno dice que, en el momento mismo en que los Magos se postraron ante Jesús, la astrología había llegado a su fin, porque desde aquel momento las estrellas se moverían en la órbita establecida por Cristo (Poem.dogm., V, 5564: PG 37, 428429).

No es la estrella la que determina el destino del Niño, sino el Niño quien guía a la estrella.

La fe en el Dios único que muestra la Biblia ha realizado muy pronto una desmitificación al llamar con gran sobriedad al sol y a la luna –las grandes divinidades del mundo pagano- «lumbreras» que Dios puso en la bóveda celeste (cf. Gn 1,16s). Al entrar en el mundo pagano, la fe cristiana debía volver a abordar la cuestión de las divinidades astrales. Por eso Pablo insiste con vehemencia en sus cartas desde la cautividad a los Efesios y a los Colosenses en que Cristo resucitado ha vencido a todo principado y poder del aire y domina todo el universo. También el relato de la estrella de los Magos está en esta línea: no es la estrella la que determina el destino del Niño, sino el Niño quien guía a la estrella. Si se quiere, puede hablarse de una especie de punto de inflexión antropológico: el hombre asumido por Dios -como se manifiesta aquí en su Hijo unigénito- es más grande que todos los poderes del mundo material y vale más que el universo entero.

‘Al ver la estrella, se llenaron de inmensa Alegría’ (Mt 2,10).

Es la alegría del hombre al que la luz de Dios le ha llegado al corazón, y que puede ver cómo su esperanza se cumple: la alegría de quien ha encontrado y ha sido encontrado.

“Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt 2,11)

Ante el niño regio, los Magos adoptan la proskýnesis, es decir, se postran ante Él. Éste es el homenaje que se rinde a un Dios-Rey. De aquí se explican los dones que a continuación ofrecen los Magos. No son dones prácticos, que en aquel momento tal vez hubieran sido útiles para la Sagrada Familia. Los dones expresan lo mismo que la proskýnesis: son un reconocimiento de la dignidad regia de aquel a quien se ofrecen. El oro y el incienso se mencionan también en Isaías 60,6 como dones que ofrecerán los pueblos como homenaje al Dios de Israel. La tradición de la Iglesia ha visto representados en los tres dones -con algunas variantes- tres aspectos del misterio de Cristo: El ORO haría referencia a la realeza de Jesús, el INCIENSO al Hijo de Dios y la MIRRA al misterio de su Pasión… Así, el misterio de la cruz enlaza de nuevo a través de la mirra con la realeza de Jesús, y se anuncia con antelación de manera misteriosa ya en la adoración de los Magos”.

Se requiere la fe. Una fe operante. Una fe comprometida. Una fe reconvertida a la acción misionera por los alejados y los que desconocen a Cristo como el salvador. Una fe que doble nuestras rodillas ante Dios, como gesto exterior de nuestra adoración interior.

Dios quiso manifestarse a los gentiles, a los no judíos, con la estrella de Belén.

Unos hombres en búsqueda de Dios. Se ponen en camino, están atentos. Preguntan, indagan, se preocupan. Quieren alcanzar su objetivo: ver al Rey de los judíos y adorarlo.

Los Magos de Oriente tienen el corazón abierto. Son dóciles a la llamada de Dios. Les guía la “Estrella”. Les mueve la fe:

–  Por la fe se han puesto en camino.
–  Por la fe han superado los obstáculos.
–  Por la fe han adorado al Niño y le han ofrecido sus presentes.

Esta Epifanía, esta manifestación de Jesús a los Magos de Oriente, es la escena Evangélica que quiere dejar constancia del propósito salvífico universal de Dios. Los Magos son los representantes de la gentilidad. Representan a los de lejos. Son aquellos que acceden a la salvación no por el derecho de sangre, ni por estar insertos en la tradición judaica. Son aquellos que llegan al Salvador y a la Salvación, por la feLos Magos son los representantes de todos aquellos que buscan la verdad. Con coraje, con riesgo. Con valentía.

Los Magos representan, también, a los hombres de buena voluntad. A los hombres sin malicia, sin hiel, sin amargura. Representan a los creyentes dóciles y humildes. Aquellos que descubren a Dios y se arrodillan  en gesto de adoración.

En la historia de la Iglesia se repiten las situaciones de la historia del pueblo de Israel. La nueva pertenencia jurídica no nos garantiza los frutos de la salvación. Se requiere algo más. Algo más que un sacramento recibido por rutina. Se requiere la fe. Una fe operante. Una fe comprometida. Una fe reconvertida a la acción misionera por los alejados y los que desconocen a Cristo como el salvador. Una fe que doble nuestras rodillas ante Dios, como gesto exterior de nuestra adoración interior.

Para entrar en el plan de salvación hace falta también la docilidad y la humildad de los Magos de Oriente. Seguir la “Estrella”. Seguir la luzFiarse de la Revelación. Contemplar al Salvador. Y como los Magos, llenos de alegría, volvernos por otro camino. No el que conduce a Herodes. Volvernos por el camino que Jesús nos ha señalado.

Con todo, lo que encierra la fiesta de la Epifanía del Señor, la figura central es Cristo Jesús. Él se manifiesta para salvar. Para estar con los hombres. Es el Emmanuel. El Dios –con-nosotros. Es Cristo que nos llama a la intimidad. A la intimidad de su corazón, a la humildad de su vida.

El Cristo de la Epifanía es el Cristo que nos ofrece su apoyo y nos anima con su gracia. El Cristo de la Epifanía es el Cristo que nos capacita y nos envía a cumplir una misión grande y divina. Ser luz en un mundo de tinieblas. El Cristo de la Epifanía nos previene contra aquellos peligros de conocer sin fe. Los judíos conocían, pero no tenían fe. Los Magos, los paganos, guiados por la “Estrella” lograron la fe. Y vieron al Mesías. La “Estrella” continúa presente hoy en nuestro mundo señalando el lugar y el acontecimiento.

Es la Iglesia que guía, señala y orienta. Hoy es Epifanía, manifestación del Señor.

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