IV Domingo de Pascua – EL BUEN PASTOR

buen pastorTodos conocemos ese hermoso salmo que nos llena de confianza y que dice “El Señor es mi pastor, nada me falta…” . Cuántas veces habremos rezado con él… Llenos del gozo que siempre trae el tiempo de Pascua, hoy escuchamos las palabras del mismo Cristo, que nos dice que Él es nuestro pastor; el pastor de su rebaño, de su Iglesia. Y como todos los pastores, Jesús se describe como aquel que alimenta a sus ovejas, que las cuida y las defiende.

Él las conoce y ellas lo conocen a Él; es un conocimiento recíproco entre el pastor y sus ovejas lo que está en el fondo de la cuestión. Pero sobre todo, Jesús es un pastor distinto, porque está dispuesto incluso a dar la vida por ellas. Además, nos dice que tiene otras ovejas a las que quiere reunir en un solo rebaño“también a ésas las tengo que atraer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor”.

En la Iglesia el único Pastor con mayúsculas es el Señor, y todos nosotros somos “sus” ovejas; no las ovejas de este párroco o del otro, ni las del Papa o del obispo, sino las del rebaño de Cristo. Todos los pastores –con minúscula- de la Iglesia, lo son en virtud de la unión con el único Pastor. Hoy y siempre es bueno que recemos todos por nuestros pastores; para que unidos a Cristo, hagamos presente a ese Buen Pastor que entrega su vida por nosotros. Porque la autoridad de los pastores de nuestra Iglesia debe ser la autoridad del servir; se trata del servicio de representar a Jesucristo como cabeza y pastor para nuestras comunidades. Por otra parte, hay ovejas que todavía no conocen el gozo de sentirse parte del rebaño del Señor. Vale la pena que cada uno de nosotros “contagiemos” esa alegría, para que haya un solo rebaño bajo el cayado de un solo pastor: Jesucristo.

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10,27-30).

No deberíamos olvidar esos tres verbos: escuchar, conocer y seguir. Aparecen con mucha frecuencia en las Escrituras. Con ellos refleja Jesús su relación con sus discípulos. Y en ellos se resume el camino y la riqueza de la experiencia cristiana:

  • Escuchar la voz del Maestro es la primera de las tareas del discípulo. Así se suscita, se educa y se fortalece el don de la fe.
  • Ser conocidos por el Pastor equivale a formar parte activa de su rebaño. Así se despierta y se alimenta la caridad en el seno de la comunidad.
  • Seguir al Señor es aceptar su estilo de vida y vivir de su espíritu. Así se ilumina la esperanza de quien va haciendo el camino que Él ha recorrido.

En esos tres verbos la comunidad cristiana ha visto los tres aspectos de la identidad de Cristo y las tres tareas de la misión de la Iglesia: anunciar su mensaje, ejercer el servicio del amor y celebrar el misterio pascual hasta que el Señor venga.

Es un día muy indicado para intensificar nuestras oraciones por el pastor de toda la Iglesia, S.S. el Papa Francisco, y por los pastores de las Iglesias locales: Los Obispos y Párrocos, todos ellos unidos con un solo corazón y una sola alma al único y supremo pastor, Jesucristo.

Ya estamos en mayo, y María  –Divina Pastora– no se cansa de decirnos: “Haced lo que Él os diga”.

Y seguimos en Pascua…¡Feliz Pascua!

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