TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR, revivirla en ‘vacaciones’

Transfiguracion-300x201La Transfiguración del Señor (6 de agosto) “pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: Él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor” (*).

Se nos presentan aquí las dos partes que integran el seguimiento del Señor por parte del cristiano: Por un lado, la contemplación…pero no todo puede reducirse a ese cristianismo de admiración. Hace falta otra parte importante que es la que conlleva un cristianismo de seguimiento. Una vez que se ha tenido la experiencia personal de Dios, sólo entonces podemos seguir su camino. Cuando en lo alto del Tabor se escucha la invitación del Señor a escucharlo, se está escuchando la invitación para ponerse en marcha y seguir al Maestro bajando del monte.

Los acontecimientos de la vida de Cristo son históricos en un sentido del todo especial. Sucedidos en un tiempo y lugar preciso, extienden su acción a todos los tiempos y a todo lugar. Son «misterios», esto es, acontecimientos abiertos. El creyente está llamado a revivirlos, no sólo a recordarlos. Cada uno, en la fe, se hace contemporáneo al evento y el evento contemporáneo a él. En otras palabras, Cristo sigue hoy transfigurándose, revelándose a los ojos del creyente con la misma «evidencia» con la que se apareció a los discípulos en el Tabor.

A veces esto ocurre mientras se leen con fe sus palabras. Las palabras del Evangelio son también, a su modo, las vestiduras de Cristo: «Cuando veas a alguien que conoce perfectamente la divinidad de Jesús y que es capaz de “aclarar” cada texto evangélico, no dudes en decir que para él las vestiduras de Jesús se han vuelto blancas como la nieve» (Orígenes).

Otras veces esta transfiguración sucede en la contemplación de la creación. Dios ha escrito dos libros: uno es la Escritura, el otro la creación. Uno está hecho de letras y palabras, el otro de cosas. No todos conocen y pueden leer el libro de la Escritura, pero todos, también los iletrados, pueden leer el libro que es la creación. Está abierto de par en par a los ojos de todos.

En el Tabor, decía un antiguo autor, Cristo «transfiguró en su imagen la creación entera». Al celebrar esta fiesta en el corazón de las vacaciones de verano, en las que todos buscan un renovado contacto con la naturaleza, no basta con abrir los ojos del cuerpo; es necesario abrir también los del alma. Los tres apóstoles habían pasado mucho tiempo con Jesús, pero habían visto sólo las apariencias, la humanidad; aquel día sus ojos se abrieron. Así ocurre con la presencia de Dios en la creación. Vivimos en medio de ella, pero raramente reconocemos ahí la gloria de Dios, de la que «los cielos y la tierra están llenos». Pensamos sólo en utilizarla en nuestro beneficio, en disfrutar de las cosas. Es un universo para nosotros opaco, no transparente. Esto es lo que la Escritura llama «necedad de los hombres» (Sb 13, 1 ss.).

Las vacaciones de verano son una ocasión para poner remedio a esta necedad. Existe una dimensión religiosa de las vacaciones que se evidencia por su propio nombre: ferias [días de fiesta], en el sentido originario, eran días libres dedicados al culto de la divinidad. Es el sentido que el término tiene también hoy en el uso litúrgico. El término inglés holydays literalmente significa días santos. En un salmo Dios se dirige a los hombres y dice: «Deteneos (literalmente: vacate), sabed que yo soy Dios» (Sal 46, 11). Se podría traducir el versículo (como hacía la Vulgata latina): Tomaos una vacación (vacate) para descubrir la única verdad que importa: que existe un Dios y que tú, precisamente tú, existes en presencia de este Dios. Quizá sea este el momento para descubrir o profundizar en el verdadero sentido cristiano de las vacaciones.

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(*) Benedicto XVI (Mensaje Cuaresma 2011)

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