V DOMINGO DE CUARESMA – Resurrección de Lázaro.

 

Llegamos al Quinto Domingo de Cuaresma, que se acaba para dar paso a la Semana Santa con el Domingo de Ramos, ya el próximo. Y hoy el evangelista San Juan nos muestra el bellísimo relato de la resurrección de Lázaro en Betania, una aldea a tres kilómetros de Jerusalén. Allí vivían Marta, María y Lázaro, los amigos de Jesús. Él y sus discípulos descansaban allí, sobre todo en los días anteriores a la Pasión y Muerte. Allí, Jesús resucitó a Lázaro.  En Betania Jesús siempre estuvo con amigos. Ciertamente, Jesús de Nazaret descansaba  allí de sus enfrentamientos dialécticos en Jerusalén. Sus amigos le acogían con especial afecto y entrega… Y desde allí saldrá nuestro Salvador hacia Jerusalén para cumplir y consumar la misión encargada por el Padre.

Aparecen las emociones de Jesús, no muy frecuentes. Llora por la muerte de su amigo Lázaro. Las hermanas de Lázaro, Marta y María, se mueven entre la fe y el dolor, entre la esperanza y la duda.

Esa presencia de Jesús, tras la resurrección de Lázaro, no podía parecerse a otras visitas anteriores. El prodigio era tan grande que ya sólo se podía pensar en Jesús como ser divino, como el Hijo de Dios. Una cierta brisa de eternidad tenía que recorrer los rincones de esa casa y de toda la aldea. En dos detalles podríamos fijarnos, de entre tantos que se prodiga este rico pasaje evangélico:

  • La fuerza que tiene la oración de Jesús. Jesús no hace nada sin rezar antes (esto sería un buen propósito para nuestra vida). Jesús, delante de la tumba de Lázaro, levanta los ojos al cielo y da gracias al Padre porque siempre le escucha. Y le pide que devuelva a Lázaro a la vida.
  • La fe de Marta. Muchas veces cuando perdemos a un ser querido nuestra fe se tambalea. Y a Marta también le pasó. Como Marta, y ante la enfermedad severa que padecen muchos hombres con claros síntomas de “incredulidad” nosotros respondemos: “Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo que tenía que venir al mundo”.

Refiriéndose a los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, “en que la Iglesia, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor”, concluye el Papa en su mensaje refiriéndose al de este quinto domingo: “Se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza”.

Caminamos hacia el Jueves y Viernes Santos. Y esperamos mucho de la Vigilia de Pascua. Acompañemos, desde ahora mismo, desde Betania, a Jesús. No le dejemos solo ni un momento. Y tras el sufrimiento, el gozo. Desde la Cruz acompañémoslo al entorno de luz nueva de la Vigilia Pascual…

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